Se podría decir que durante la actual década hemos sido testigos de la versatilidad de la moda por medio del streetwear. Su esencia original no podría contrastar más con lo que es hoy en día, ya que surgió con la ideología “dress no fashion” perteneciente al grunge durante los 90’s en donde el skate, surf y hip hop (GreenWood, 2017) representaron a sus principales portadores. Tratándose de un movimiento anti moda pero con fuerza social, sus símbolos no tardaron en ser apropiados por la industria teniendo el efecto de la teoría “bubble up” adaptando una tendencia originada en las masas para el consumo de la élite social, generando así una revolución de estilo en donde la comodidad se convirtió en lujo.
Su dominio es innegable, la prueba más contundente reside en colaboraciones entre marcas
que responden al streetwear como Supreme con aquellas de renombre como lo es Louis
Vuitton. O bien la venta de artículos como los “ugly sneakers” de Balenciaga. Dichos
ejemplos reflejan a su vez la necesidad de la industria de lujo por acercarse y satisfacer a un
mercado más joven. Esto debido a que la Generación X en adelante representan a los
consumidores dominantes del streetwear.
Sin embargo, pareciera que la época de chunky sneakers, tiro pants, graphic hoodies,
leggings, etc. enfrenta un futuro en donde la estabilidad de su dominio es dudosa ya que
aparentemente la sociedad se prepara para dejar atrás la comodidad para adoptar
un estilo más halagador y sofisticado. Al menos eso se pudiera inferir después de que
colecciones durante el Fashion Month SS20 bajo diseñadores como Erdem, Anna Sui y
Jonathan Anderson para Loewe, que presentaron aspectos aristocráticos y una vibra elegante, fueran bien recibidas por críticos de moda como Tim Banks, Sarah Mower y Ali Webb. El streetwear ha logrado hacer socialmente aceptable el vestirse cotidianamente con ropa que anteriormente se usaría para el gimnasio o para dormir, dependiendo el caso (supongo que muchos lo agradecemos). Incluso ha podido adaptarse a situaciones consideradas formales, es en esos escenarios donde considero estará el punto de quiebre.
Actualmente identificamos streetwear en todas partes, es en sí extremadamente sencillo
de imitar, por lo tanto la diferenciación reside en factores escasos como en la marca.
Tener tan poco margen de diferencia no satisfacerá a la pirámide social por mucho más,
por ende eso dará pie a que el streetwear pierda fuerza y una nueva tendencia surja.
La transición quizá tarde un poco pero finalmente llegará cuando el deseo de distinción
del consumidor sea tal que sus hábitos de compra y estilo se inclinen por algo novedoso
y contrastante que lo haga sentir único y original, respondiendo naturalmente al péndulo
de la moda; un patrón de dirección que responde a los extremos, ya sea en color, silueta,
tamaño, etc.
Y tú, ¿estás listo para cambiar tus white sneakers por leather loafers?
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